18 de septiembre de 2019 notifications search
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Una nueva esperanza

Desde que Martha era pequeña siempre tuvo la ilusión de tener un albergue y ayudar a los animales.
La primera vez que se dio cuenta de que tenía facilidad para colocar a un perro en un nuevo hogar fue cuando rescató a Paloma, una perrita callejera a la que cuidó, alimentó y dio en adopción a sus siete cachorros.
A partir de ahí su labor no ha parado. “Para mí era muy difícil ver pasar a los perros en la calle y cerrar los ojos, no hacer nada. Decidí ser activista y realmente hacer algo por ellos”.
En el patio del albergue, decenas de perros de todos los tamaños, juegan, duermen y descansan.
Algunos observan fijamente la puerta y esperan que Martha salga con ellos. Cuando finalmente lo hace, acompañada de su hija Isabela, de siete años, todos los animales se abalanzan contra ellas.
“Llegan aquí con nosotros con miedo, agresivos. No se nos quieren acercar. Que tengan esta confianza ahora, que se vayan a una casa donde los adopten es una gratificación porque sabemos que los hicimos felices”.
En el albergue se cuenta con un veterinario de planta además de una persona que le ayuda, está una persona de limpieza y una asistente.
El amor genuino que Martha siente hacia los animales le provee de un encanto natural en ellos.
Los perros la buscan y se ponen boca arriba para que su “madre” les acaricie la panza. Sin embargo, también ha sido testigo de actos inhumanos y de crueldad hacia los animales.
“Hemos recibido perritos con balazos. Una perrita llegó con la sierra de un cuchillo atorada en su cuello. También hubo dos casos de zoofilia, de dos perritas que llegaron violadas por humanos. ¿Cómo es posible tanta maldad? ¿Cómo es que alguien llegó a causarle eso sin sentir nada? Para nosotros son cosas bien fuertes. Sí tenemos un problema en la sociedad. No sabemos quién es el que está al lado”.
En cuestiones económicas es difícil mantener a todos los perros en el albergue y los gastos oscilan entre los 60 mil y 80 mil pesos mensuales.
Pese a esto, Martha considera que lo más difícil no es pagar los gastos sino el llegar a la mente de las personas.
Además de los perros del albergue, Martha tiene a otros nueve en su casa. Dice que quien le inculcó su amor por los animales fue su padre debido a que siempre tenían en su casa a perros de la calle.
Martha es licenciada en Administración de empresas, pero desde que era niña quiso estudiar veterinaria. Ahora cursa el octavo semestre en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro (UAAAN).
“Ayudarlos es mi pasión, me hace feliz verlos que logran encontrar una nueva casa. Me hace feliz sacarlos de un problema social y darles un hogar. A veces me pongo a llorar cuando se va un perro que tiene muchos años aquí pero me hace feliz. Es una forma de ayudar a la sociedad”.