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Cultural viernes 10 de ago 2018, 8:46am - nota 1 de 2

La vendimia en una novela

Por: VICENTE ALFONSO / EL SIGLO DE TORREÓN
Personaje. Mónica Lavín, es una de las escritoras de mayor proyección en nuestro país, su primera novela fue recreada en el pueblo mágico de Parras, Coahuila, y comparte algo de esa experiencia. (CORTESÍA)


Mónica Lavín habla de cómo una temporada de vacaciones en Parras, Coahuila, detonó su libro Tonada de un viejo amor

Cada 10 de agosto, día de San Lorenzo, marca el inicio de las fiestas de la vendimia en Parras, Coahuila. Se trata de una celebración cuyo origen se remonta en el tiempo hasta 1760, y que combina elementos paganos y sagrados. Una celebración que se ha convertido en factor de identidad que trasciende a la región.

Tan es así que Tonada de un viejo amor, la primera novela de Mónica Lavín, cuenta una historia que transcurre en las primeras décadas del siglo XX en Parras, y que recrea con maestría literaria el ambiente de la región y el carácter de sus pobladores en aquella época. A la autora apenas es necesario presentarla: con una amplia trayectoria y una sólida obra, ha sido ganadora de premios como el Gilberto Owen de Cuento, el Bellas Artes de Narrativa Colima y el Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska.

Publicada originalmente en 1996, Tonada de un viejo amor acaba de ser reeditada por La Pereza Ediciones, sello independiente radicado en Miami que cuenta en su catálogo con otros novelistas de primera línea como Pedro Ángel Palou, Jorge Volpi y Luis Felipe Lomelí, por mencionar algunos. Conversamos en exclusiva con la autora, que nos habló del proceso de escritura de este libro.

→ ¿Puedes hablarnos del momento en que decidiste escribir esta novela? ¿Cómo era tu vida en esa época y qué aspectos cambiaron?

Antes de escribir Tonada de un viejo amor ya había decidido dejar la biología por la escritura, y vivir de actividades que tuvieran que ver con la palabra. Escribía cuento, había publicado tres libros de cuentos, uno de ellos ganador del Gilberto Owen, Ruby Tuesday no ha muerto. Y tú sabes qué es escribir cuento, es como habitar una isla con un puñado de náufragos. Creí que seguiría en esa isla hasta que una historia me saltó en una visita vacacional a Parras.

Entonces era ya madre de dos niñas, vivía con mi marido músico y mis amigos eran los papás del kinder de las niñas. Había decidido administrar el negocio de mis padres, una tienda de artículos de piel muy bonita que estaba en San Ángel (Antil), vivíamos arriba de la tienda. Así podía combinar escritura, maternidad y trabajo. Eso creía... lo pude hacer un tiempo breve.

→ Tonada de un viejo amor contiene retratos muy certeros de los festejos de la vendimia en Parras. ¿Por qué enmarcar la historia en este contexto y cómo documentaste esos pasajes?

Nuestros amigos Maru y Eduardo Narro nos invitaron a pasar las vacaciones de verano de las hijas a Parras, y claro a ver la fiesta de la vendimia, en la plaza y desde adentro de la Casa Grande de San Lorenzo. Los vinos de Casa Madero aún no eran lo que hoy son, y se hablaba del "blanco me muero". Pero la Casa Grande y las fiestas generosas que daba José Milmo eran como estar en otro mundo, el de las haciendas, el tiempo detenido, algo del Gran Gatsby había en ello. Un mundo dividido pero que funcionaba. Los caballitos con fuegos y el Baco medio grotesco y las vendimiadoras pisando las uvas, y los matachines bajando del cerro.

Era maravilloso entrar a ese mundo de mestizajes, de aristocracias rancias y desvencijadas, de anécdotas, de la uva, de fiestas, de la mezclilla, de las carnes asadas, de los aguacatales y los nogales. Y allí estaba la historia y el origen de Francisco Madero, y de la entrada de la telefonía a México, de esos personajes Evaristo y Lorenzo... Y claro allí es cuando vi a una pareja de gente mayor, altos, saliendo de una casa ya medio traqueteada pero con algún esplendor aún, ella llevaba una bolsa de papel estraza como si fuera su bolsa de mano... eso me pareció.

Pregunté quiénes eran, me contestaron que eran la tía fulana y su esposo, un músico gringo. Cuando se casó con él, lo trajo a Parras y le retiraron la palabra. Mi pregunta era cómo se queda alguien a vivir en un lugar que lo condena al silencio.

Un lugar que te condena. ¿Cuál es la fuerza de la pertenencia? En realidad esta es una pregunta que me hago en varias de mis novelas y cuentos... ahora que lo pienso. Esa imagen llamó a muchas más preguntas a la hora de escribir y fabular detrás de ese momento, que no documentarlo, sospecharlo. Inventarlo. Así entre en las aguas de la novela. Tonada me hizo novelista y me gustó.

→ Sorprende aún más la certeza con que retratas el carácter de ciertas familias coahuilenses. ¿Cómo hiciste para construir estos personajes?

Imagínate que estuve viviendo un mes en Parras, escuchando otras conversaciones, observando, sorprendiéndome entre excursiones al Santo Madero, al Rincón del Montero, a la comida en casa de fulano, a los cocteles en casa de una gringa muy simpática que jugaba golf. Y en medio de eso nadando en el estanque de La Luz, donde sólo podíamos entrar algunos y gozando la felicidad de las hijas y las noches hermosas de agosto. Todo era diferente, era vacacional, era interesante. Un mundo con un pasado que no se podía ocultar. Celoso de su rango social. Detenido con pinzas.

→ Una constante en tu literatura es la exploración y el cuestionamiento de la moral en ciertas épocas y más específicamente la relación de esa moral con los rituales sociales. ¿Por qué te atrae este tema?

Me interesan las formas, los escenarios, las atmósferas. Y la línea de tensión entre lo aparente y el abismo real, el mundo interior escudado en caparazones convenientes. Encuentro en los rituales sociales artilugios de supervivencia, una coreografía compleja y quiero ver qué hay detrás de lo menos evidente. Quiénes son y quiénes somos en realidad detrás de ese escenario. Siempre quiero desvestir el silencio. Y me interesa la fragilidad ( y su otra cara).

→ ¿Qué consejos le daría la autora de Cuando te hablen de amor a la novelista que escribió la Tonada?

Qué buena pregunta, porque entre una y otra han pasado treinta años. Primero le diría que me alegro de que se haya atrevido con la novela y que ensayándola, haya encontrado la forma y permitido que los personajes revelaran sus entrañas. Tonada pasó por dos momentos, era una historia en tres noches y el músico y Cristina eran los protagonistas. Después descubrí que la historia que marcaba a Cristina y de alguna manera a Parras era la historia secreta de Cristina antes del músico, ese amor clandestino.

Si no me hubiera atrevido al mundo incierto de la novela no estaría la novelista de Cuando te hablen de amor hablándole a la otra. Le diría también que sea más desparpajada en el aliento narrativo, menos ceñida al rigor del cuento. Y que siga, como entonces, sin preocuparse del juicio de los lectores, sino de persuadir de realidad, de intentar comprender y no juzgar a sus personajes. Me encanta la idea que La Pereza, editorial independiente de Miami, haya reeditado esta novela, si no tal vez no podríamos hablar de ella a los lectores nuevos.

→ ¿Qué consejos le darías a los (las) jóvenes escritores(as) que están haciendo sus primeros esfuerzos en el campo de la literatura?

Que vale la pena el camino, por más incierto, y más desolado, por más que haya pocos lectores y no pasen demasiadas cosas (al fin y al cabo, qué quería uno que pasara), con alguien que al otro lado de la solitaria tarea de escribir un libro dé sentido con su complicidad lectora al mundo de palabras el ciclo se cierra y escribir tiene propósito. Escribimos porque tenemos preguntas, y algunos las respondemos construyendo historias, y buscando formas, la fuerza de la prosa, el encantamiento.

Se trata de seguir, siempre, De nadar a brazo partido. Siempre hay el siguiente libro, el siguiente cuento. Nuevos riesgos. ¿Qué necesita un escritor? Leer, escuchar, atreverse, ser riguroso, perseverar. Exponerse a concursos, editoriales, lectores. Y resistir, y crecer, y no perder el asombro y la pasión por este oficio de ciegos, como lo nombraba García Márquez. Vale la pena ser exploradores de continentes de palabras.

Me interesan las formas, los escenarios, las atmósferas. Y la línea de tensión entre lo aparente y el abismo real, el mundo interior escudado en caparazones convenientes”. — MÓNICA LAVÍN Escritora mexicana
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